Dejando huella: Primo José Meñan

Rootencial nos presenta a Primo José Meñan, hoy conocido por su personaje artístico Afriquito, quien reflexiona sobre alguna de las experiencias que ayudaron a definir su nueva pasión – el teatro. Su relato, lleno de reflexión e inspiración, nos demuestra que, a pesar de los desafíos y dificultades, nunca es tarde para cambiar de rumbo y crear lo que uno quiere ser.

Con 11 años Primo José deja su país de origen, Guinea Ecuatorial, para trasladarse a Móstoles, Madrid para continuar su segunda etapa escolar. Sin embargo, la combinación de las malas amistades y escasos recursos económicos le llevaron primero a bajar el rendimiento escolar, y más tarde a abandonar sus estudios en segundo de bachillerato.

Definiendo esta etapa como dura y viéndose sumergido en el mundo de la calle y la delincuencia, Primo José comparte como en un momento de frustración por el daño que estaba causando a su familia, llega a descubrir el mundo del teatro.

Tuve que dejar el instituto en segundo de bachillerato porque no tenía ni para comprarme un mapa mudo y tenía que esperar constantemente a que mis amigos terminaran con los deberes para que me prestaran esos materiales.

Pasados 20 años de esa dura etapa, Primo José destaca que lo más importante fue salir del entorno negativo en el que se encontraba rodeado al llegar a España. Dándose cuenta de esta necesidad, un día decide presentarse a la escuela de teatro del ayuntamiento y a partir de allí, embaucado por completo por el mundo del teatro y su nuevo entorno aliciente, acaba realizando más de siete años de formación en distintas escuelas.

Gracias a esta nueva pasión descubre nuevas virtudes de la vida y consigue finalmente mudarse de ciudad, saliendo por completo de la sombra oscura que había vivido en su primera ciudad de acogida.

Las personas somos animales de costumbre, tú te comportas respecto al entorno que tienes o te has creado y si en algún momento quieres cambiar algo tienes que salirte de ese entorno.

Hablando de su etapa profesional en el teatro, José nos cuenta que, durante su etapa de formación y posterior incorporación en la actuación, tuvo que enfrentarse a varios retos que han marcado enormemente su carrera profesional.

Por una parte, el tener que hacer frente a una base teatral occidental, sin la oportunidad de poder potenciar una vertiente más africana que le permitiera representar su entorno y sociedad de origen, algo, nos cuenta, que dificultó que pudiera sentirse cómodo desde el principio en este campo. Afortunadamente, en sus dos últimos años de carrera descubre la técnica francesa de Lecoq, la cual, mediante el uso de una técnica de teatro más corporal, pudo encontrar en sí mismo grandes habilidades de la autodirección, dándole la posibilidad de crear sus propias funciones y no aquellas de un actor a la espera de un texto.

Por otro lado, José comparte que debido al hecho de que muchos productores y productoras promueven papeles que representan la figura del actor negro a través de representaciones denigrantes (ej. ‘top manta’, ‘traficante de drogas’), a veces ha sentido gran dificultad en poder sentirse enaltecido y orgulloso de algunos de los papeles que ha realizado. Sin embargo, reconoce que poco a poco esto va cambiando y que actores negros van tomando otros papeles con mejor visión en la sociedad (ej. abogado, empresario, profesor), pero recalca que estos casos son aún excéntricos en España. Eh aquí el motivo por el que José decidió dejar de asistir a castings en España por un tiempo para buscar oportunidades en otros mercados europeos tal como el alemán.

Siempre que iba a un casting me hacían interpretar a un negro recién llegado en patera o a un camarero que no habla español, semejante a Machupichu de la serie ‘Aida.’

Consciente del impacto que las imágenes denigrantes pueden tener en cómo su cultura, su origen y su ser son representados en la sociedad, José mantiene una gran determinación por no querer seguir alimentando estereotipos y prejuicios negativos hacia la comunidad africana, advirtiendo de que esta no es la mejor manera de plasmar en la sociedad las capacidades de una persona ‘de raza’. Además de esto, recalca cómo estos estereotipos y prejuicios dañan y reducen las oportunidades para la población negra, impactando más fuertemente a los niños/as y jóvenes.

Elaborando sobre este punto, reconoce que su identidad socio-cultural y ‘raza’ le ha cerrado puertas a poder representar muchos papeles que le hubiera gustado adquirir, por el hecho de que siguen existiendo muchos estereotipos en el mundo del teatro español. Del mismo modo, recalca, que su identidad le ha favorecido para poder diferenciarse y crear estilos nuevos en el país. De hecho, su personaje payaso ficticio, llamado Afriquito está causando tendencia y hoy se siente orgulloso de haber recibido ofertas incluso desde Bolivia.

Orgulloso de sus proyectos y los retos vividos hasta ahora, defiende la idea de que todo africano que ha vivido fuera y aprendido nuevas cosas positivas, debe compartirlo con su comunidad sin olvidar que al potenciar esas raíces que crean un propio producto, con su propio entorno y sociedad, uno puede ofrecer algo único y diferente.

El compartir y dejar algo es lo importante, ya que todos nos vamos y lo único importante es lo que dejamos a las nuevas generaciones.

Aplicando su propio Leitmotiv con su personaje Afriquito quiere crear unos dibujos animados con la intención de reflejar la situación de la población negra después de la abolición de la esclavitud que residen fuera del continente africano. Y consciente del gran trabajo que esto conlleva concluye recalcando que para tener éxito ha de ser consistente y constante, y que “hemos de tener claro que el gran enemigo de uno es uno mismo.”

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